La Prehistoria

HUMANOS vs. HIENAS GIGANTES: COMPETENCIA POR LA CARROÑA.

Hoy viajamos hacia el Paleolítico inferior. Concretamente nos dirigimos a la zona Suroriental de la Península Ibérica, en Orce. Y lo que vamos a encontrar es un entorno muy diferente al paisaje semidesértico que hay actualmente. Un inmenso lago interior es el hábitat de una increíble biodiversidad hoy convertida en fósiles. Algunos de ellos nos ayudan a comprender las andaduras de los humanos de hace 1,3 millones de años. Y nos hablan de una etapa en la que nuestros antepasados tenían que lidiar con condiciones climáticas muy difíciles y enfrentarse cada día a duros competidores para poder sobrevivir.
El pequeño grupo de humanos (probablemente Homo ergaster) se encontraba sobre la pequeña colina cuando el viento les trajo el olor de la carroña. Por fin la encontraron junto al lago. Se trataba de un megahervíboro (Mammuthus meridionalis) que había sido atacado por un dientes de sable (Megantereon whitei). Una gran suerte para nuestros congéneres pues el dientes de sable solo se come las vísceras y algunos elementos blandos del cadáver. Sus enormes colmillos le impiden aprovechar completamente la pieza. Así que nuestro grupo se acerca con las lascas de sílex preparadas para seccionar las extremidades y la cabeza de esa carroña. Es decir, las piezas de alimento con menos contenido tóxico de un cadáver en descomposición. La industria lítica que han desarrollado (Olduvayense) es suficiente para carroñear estos cadáveres. Pero deben darse prisa. De un momento a otro aparecerán otros carroñeros para intentar arrebatarles el festín.
Las hienas gigantes de cara corta (Pachycrocuta brevirostris) solían seguir prudentemente a los dientes de sable para aprovechar la carroña fresca que iban dejando. Estas hienas también cazan, pero tienen éxito en muy raras ocasiones, y se han especializado en el carroñeo. Nuestro grupo de humanos se aleja ya con las extremidades y el cráneo del megahervíboro abatido. El tuétano de los huesos largos y el cerebro del animal tardan más tiempo en descomponerse y tienen un alto nivel nutritivo. Pero nuestros congéneres deben darse prisa. Y es que las hienas gigantes, si son numerosas y tienen suficiente hambre, pueden ponerles en un aprieto. Y aún no controlaban el fuego para poder espantarlas. En otros casos, las hienas llegaban antes y nuestros antecesores tenían que esperar pacientemente por si le dejaban algo. Ellas aprovecharán el cadáver al máximo gracias a un sistema digestivo preparado para comer carne ya descompuesta.
Hoy podemos conocer esta escena gracias a una asociación fósil encontrada en Venta Micena (excavación del complejo de Orce), allí se halló parte del esqueleto de este elefante sin las extremidades ni el cráneo. Donde debían encontrarse estas partes aparecen coprolitos (caca fosilizada) de hiena gigante, lo cual nos indica que llegaron después. Según la doctora Patrocinio Espigares Ortiz (UMA) estamos ante la evidencia más antigua conocida por el momento de competencia directa por aprovechar un cadáver de megaherbívoro entre los dos grandes carroñeros protagonistas del escenario ecológico de inicios del Pleistoceno en Europa.
Sin embargo un día desaparecerá el Dientes de sable, lo que supondrá una sentencia de extinción para las hienas gigantes de cara corta. Un método de alimentación tan basado en el carroñeo será insuficiente al enfrentarse a unos nuevos cazadores que no le dejarían apenas nada para comer, como los félidos panterinos.
¿Y nuestros humanos, que también eran carroñeros y ya no podían acceder tampoco a estas carroñas suculentas que antes dejaba el dientes de sable? Les (nos) salvó su capacidad de adaptación y se vieron empujados a desarrollar una nueva industria lítica y a mejorar sus técnicas de caza.

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