LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN AMÉRICA LATINA
LOS NUEVOS MOVIMIENTOS
SOCIALES EN AMÉRICA LATINA
Actualmente, en toda
América Latina, grupos de hombres y mujeres se organizan en torno de búsquedas,
reivindicaciones o demandas, de muy diferente amplitud y objetivos. Se trata de
grandes movilizaciones en contra de los efectos de las políticas económicas,
organismos de derechos humanos, movimientos de pueblos indígenas u originarios,
cooperativas de trabajo y asociaciones de trabajadores que trascienden las
estructuras sindicales tradicionales y los partidos políticos, movimientos pro
vivienda y asentamientos, asociaciones vecinales y barriales, comunidades
eclesiásticas de base, asociaciones étnicas autónomas, movimientos de mujeres,
grupos de jóvenes, coaliciones locales para la preservación del medio ambiente y
la defensa de tradiciones regionales, organismos políticos articulados en torno
a cuestiones de género o sexualidad como movimientos de derechos gays y lésbicos, movimientos ensamblados alrededor
de la música, el arte y otras expresiones de la cultura popular, grupos
autogestionarios de desocupados o pobres y heterogéneas organizaciones que han
florecido en el continente desde el inicio de los ochenta.
LOS NUEVOS MOVIMIENTOS
SOCIALES.
El 1 de enero de 1994, el mundo entero se vio
conmocionado por la aparición, en las sierras de Chiapas, México, de uno de los
movimientos populares más importantes de la década a nivel global el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). En coincidencia con el día de entrada
en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), el EZLN
dio a conocer a la sociedad mexicana y al mundo sus demandas por el
reconocimiento y la incorporación de los indígenas de Chiapas a una sociedad de
plenos derechos en relación con la tierra, la educación, el alimento y un
estatus de ciudadanía que incluyera el respeto a una historia cultural local.
Luego de más de una década, puede decirse que los efectos del zapatismo han
sido amplios, no sólo en cuanto a la generación de fuertes debates en la
sociedad mexicana, sino también respecto de la influencia que ha tenido en el
campo progresista en el ámbito mundial y en especial en el movimiento de
crítica a la globalización, algo que ya estaba apuntado en la crítica inicial a
los efectos que conllevaría la aplicación del NAFTA.
El EZLN se trata de un
"ejército popular" o guerrilla armada que afirmó que sólo tomaría las
armas si era atacado. Al contrario de expresiones anteriores dela guerrilla
latinoamericana, los zapatistas no están empeñados en tomar el poder central,
sino que, liderados por un "subcomandante" encapuchado, de identidad
desconocida, innegable carisma y prosa poética, afirman que su objetivo es
lograr el reconocimiento de sus derechos como indígenas y la profundización del
sistema democrático mexicano, liderado durante más de medio siglo por el sistema de partido-Estado del Partido
Revolucionario Institucional. De acuerdo con el espíritu de los tiempos que
corren, han obtenido un gran impacto al globalizar un conflicto local y un
problema nacional, montados en una red planetaria de medios de comunicación,
incluidos Internet y correo electrónico, y sumados a la labor de apoyo de
grupos político-culturales localizados en las más diversas regiones del mundo.
CARACTERÍSTICAS DE LOS
NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Se los denomina "nuevos" movimientos por
oposición a las estructuras tradicionales de acción del campo popular, ya
fueran éstos partidos políticos, sindicatos u organizaciones campesinas, que
albergaban las formas principales de protesta y participación política antes de
los años ochenta. Algunos de los más importantes surgieron en el contexto de
extrema represión y férrea censura de
las dictaduras militares (en especial en el Cono Sur) que prohibían los canales
institucionales de expresión de las demandas sociales. De la conjunción de la crisis
del discurso nacional popular en el continente y la derrota político-militar de
organizaciones de lucha armada revolucionaria emergieron nuevas formas de
movilización, generalmente dirigidas a objetivos específicos, como la defensa
de los derechos humanos, la demanda por el reconocimiento de los derechos de
las mujeres o la reivindicación de formas culturales particulares. La explosión
de organizaciones de base y asociaciones locales marcó un cambio en el carácter
de la oposición política en toda la región, en tanto diversos sujetos
contenidos en estos grupos comenzaron a reivindicar sus propias historias y derechos. Ante la imposibilidad de
articular demandas en movimientos amplios y unificados de emancipación, se multiplicaron
los espacios de lucha política y resistencia. Pero ¿qué son en concreto los
nuevos movimientos sociales? Una de las
principales características que los analistas suelen resaltar es la importancia
del sentido colectivo construido por los actores participantes. El concepto
entró en boga en América Latina a comienzos de la década de 1980 para designar
aquellas acciones colectivas que se planteaban alrededor de identidades distintas
de las tradicionalmente convocantes entre los sectores populares (como obrero o
campesino).
Puede afirmarse que más que una forma
específica de organización o acción política, lo que define a los movimientos
es una determinada relación con la llamada "política de la identidad",
que establece sensibilidades colectivas que permitan preservar las particularidades
de los distintos grupos. Así mismo, es
importante distinguir entre movimientos sociales y organizaciones. Un movimiento
puede reunir un amplio número de organizaciones específicas, más o menos
institucionalizadas, con diferentes ideologías y mecanismos de acción, con
intereses.
Los cambios recientes en
América Latina se expresan no sólo en movimientos sociales y populares cada vez
más originales y activos sino también en un nuevo escenario político marcado
por la existencia de gobiernos de centro izquierda bajo una fuerte presión de
la sociedad civil y de movimientos de masa. Esta nueva coyuntura está
redefiniendo el escenario político en la región y está abriendo un proceso
histórico que presenta elementos nuevos que van a influir profundamente en la
dinámica económica, política, cultural y social inmediata, pero también en el
mediano y largo plazo.
Una comprensión más
objetiva de esta nueva coyuntura en la región exige un análisis profundamente
histórico, capaz de hacer un balance de la lucha secular de las fuerzas
progresistas que ha generado una acumulación de experiencias extremamente rica.
Lucha secular que tiene que ver con elementos claves de nuestra identidad como
latinoamericanos, como naciones capaces de conducirse a sí mismas y que tienen
una presencia cultural basada en una fuerza civilizatoria propia.
LOS ORIGENES
En su fase inicial de
formación los movimientos sociales clásicos en América Latina tuvieron una
fuerte influencia anarquista, a través de la migración europea, principalmente
italiana y española, de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Estos
inmigrantes anarquistas, básicamente artesanos y trabajadores de pequeñas
actividades económicas, se dirigieron principalmente hacia las zonas urbanas,
formando las primeras levas de movimientos obreros. A partir de la Primera
Guerra Mundial y posteriormente durante los años veinte, la expansión de las
manufacturas en la región crea condiciones para el surgimiento de un
proletariado industrial, que tendrá su pleno desarrollo con los procesos de
industrialización de la década 1930.
Estos movimientos
anarquistas tuvieron su auge en toda la región entre 1917 y 1919, años en los
que se organizaron huelgas generales bastante significativas que abrieron un
proceso de sindicalización del movimiento obrero, como el caso de Perú en 1919,
Brasil en 1917, Argentina en 1918 y México en el mismo periodo. Se crea un
clima político generalizado favorable a la huelga general como forma de lucha
principal, a pesar de que en algunos casos éstas no tenían un objetivo claro o
buscaban una especie de disolución del Estado. En esta fase se consiguieron
avances importantes en las luchas sociales y sindicales, colocándose en el eje
de las luchas reivindicaciones específicas como la reducción de la jornada a
ocho horas por día así como mejoras salariales y de condiciones de trabajo y de
vida de los obreros. Es el caso de la
huelga de 1919 en el Perú, que al igual que otras experiencias en la región,
fueron brutalmente reprimidas sin poder acumular fuerzas, generando una
autocrítica en gran parte del movimiento anarquista que va a conducirlos al
bolchevismo.
Este período va a marcar
la transición del anarquismo, con su versión maximalista que se destruye junto
con las huelgas generales brutalmente reprimidas, a los movimientos comunistas
latinoamericanos. Hasta los años veinte, a pesar de la importancia que la
Internacional Socialista tuvo en Europa, los partidos socialdemócratas europeos
no llegaron a tener una influencia significativa en América Latina, excepto en
Argentina que fue el único país que tuvo representación en la II Internacional.
A partir de los años 20 el movimiento obrero de la región se incorpora al campo
del marxismo, especialmente a su versión comandada por la Internacional
Comunista.






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