Túpac Amaru II
Túpac Amaru II
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IDEALES
Libertad,
Igualdad y Fraternidad:
Conocido como el líder de la mayor rebelión de hispano
América durante el siglo XVIII José Gabriel Condorcanqui Noguera precursor de
la Independencia conocida como Tupac Amaru
II.
Llevaron a cabo el levantamiento más grande de América
contra el colonialismo español su lucha se extendió Bolivia, Argentina y
Chile.
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SUBLEVACION
El 4 de noviembre de 1780 se
inicia la rebelión de José Gabriel Condorcanqui contra la dominación española,
adoptando el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el
último Inca
de Vilcabamba. Túpac
Amaru se autodeclara Inca, Señor de los Césares y Amazonas. Comisario Distribuidor de la Piedad
Divina. Al comienzo el movimiento reconoció la autoridad de la corona, ya que
Túpac Amaru afirmó que su intención no era ir en contra del rey sino en contra
del «mal gobierno» de los corregidores. Más tarde la rebelión se radicalizó
llegando a convertirse en un movimiento independentista.
Su esposa Micaela Bastidas así
como familiares de ambos tuvieron una participación de primer orden en el
movimiento, tanto en el reclutamiento, abastecimiento y hasta cierto punto en
la toma de decisiones.
La convocatoria de Túpac Amaru II
buscó integrar a indígenas, criollos, mestizos y libertos negros en un frente
anticolonial, pero no pudo evitar que la masificación del movimiento
convirtiera el accionar en una lucha racial contra españoles y criollos (en
general en el Virreinato los criollos no tenían en su actuar antagonismos con
los españoles, siendo como mucho contrarios a las reformas borbónicas pero fieles a la corona en los demás
aspectos).
Su movimiento tuvo dos fases:
- Primera
fase o fase tupacamarista, donde destaca la hegemonía de José Gabriel
Túpac Amaru y continuada tras su muerte por su primo Diego Cristóbal Túpac
Amaru.
- Segunda fase o fase tupacatarista, donde
destaca el protagonismo de Julián Apaza Túpac Katari
SU EJECUCIÓN
Tras ser capturado el
6 de abril de 1781, fue llevado a Cuzco encadenado y montado en una mula.
Ingresó a la ciudad una semana después, «con semblante sereno» mientras las
campanas de la Catedral repicaban celebrando su captura. Apresado en el
convento de la Compañía
de Jesús,
fue sucesivamente interrogado y torturado al límite del
fallecimiento, con el objetivo de arrancarle información acerca de sus
compañeros de rebelión en Cuzco y otras ciudades, y de sus ejércitos que aún
conservaban grandes territorios. Torturas que fueron inútiles ya que no dio
confesión alguna. Más bien trató de enviar mensajes escritos con su propia
sangre, pero estos fueron interceptados. La madrugada del 29 de abril a causa
de los rigores del tormento le fracturaron el brazo derecho.
Un día durante el
encierro cuando el visitador José
Antonio de Areche,
autoridad del interrogatorio y ejecución enviado por el rey Carlos
III de España,
entró intempestivamente al calabozo para exigirle, a cambio de promesas, los
nombres de los cómplices de la rebelión, Túpac Amaru II le contestó: «Solamente
tú y yo somos culpables, tú por oprimir a mi pueblo, y yo por tratar de
libertarlo de semejante tiranía. Ambos merecemos la muerte».
El 18 de mayo de 1781, en acto público en la Plaza
de Armas de Cuzco,
se cumplió la ejecución de Túpac Amaru II, su familia y sus seguidores. Los
prisioneros fueron sacados de sus calabozos, metidos en zurrones (un tipo de
costal) y arrastrados por caballos todos a la vez, uno tras otro, hasta llegar
a la plaza. Ya al pie del cadalso, Túpac Amaru II fue obligado, tal y como
señalaba la sentencia, a presenciar la tortura y asesinato de sus aliados y
amigos, su tío, sus dos hijos mayores y finalmente su esposa, en ese orden.
Después, al igual que
hicieron con varios de sus lugartenientes, con su tío y su hijo mayor, le
cortaron la lengua. Luego se intentó descuartizarlo vivo, atando cada una de
sus extremidades a caballos para que estos
tirasen de aquellas y las arrancaran. Un testigo describió los hechos:
Ataron le a las manos
y pies cuatro lazos, y asidos estos a la cincha de cuatro
caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que
jamás se había visto en esta ciudad. Intentaron por mucho tiempo pero no
pudieron absolutamente dividirlo después que por un largo rato lo estuvieron
tironeando, de modo que lo tenían en el aire, en un estado que parecía una
araña.
Al ser la acción infructuosa sus
verdugos optaron por decapitarlo y
posteriormente despedazarlo. Su cabeza fue
colocada en una lanza exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas) y en Santa Rosa (actual provincia de Melgar, Puno). De igual forma despedazaron los cuerpos de su
familia y seguidores, y los enviaron a otros pueblos y ciudades. Todo ello
descrito en el documento español Distribución de los cuerpos, o sus
partes, de los nueve reos principales de la rebelión, ajusticiados en la plaza
de Cuzco, el 18 de mayo de 1781.
El hijo menor de Condorcanqui, Fernando, al ser un niño de 10 años, no fue ejecutado, mas se le obligó a presenciar el suplicio y muerte de toda su familia (incluyendo las patadas y pena de garrote a la madre así como el descuartizamiento del padre) y a pasar por debajo de la horca de los ejecutados, para luego ser desterrado a África con órdenes de prisión perpetua. No obstante el navío zozobró y acabó en Cádiz, siendo encarcelado en las mazmorras de dicha ciudad (el virrey Agustín de Jáuregui sugirió que no fuera enviado a África sino a España por temor a que alguna potencia enemiga lo rescatara). Falleció en España en 1798.
El hijo menor de Condorcanqui, Fernando, al ser un niño de 10 años, no fue ejecutado, mas se le obligó a presenciar el suplicio y muerte de toda su familia (incluyendo las patadas y pena de garrote a la madre así como el descuartizamiento del padre) y a pasar por debajo de la horca de los ejecutados, para luego ser desterrado a África con órdenes de prisión perpetua. No obstante el navío zozobró y acabó en Cádiz, siendo encarcelado en las mazmorras de dicha ciudad (el virrey Agustín de Jáuregui sugirió que no fuera enviado a África sino a España por temor a que alguna potencia enemiga lo rescatara). Falleció en España en 1798.
Los científicos que han estudiado
este intento de desmembramiento concluyeron que por la contextura física y
resistencia de Túpac Amaru II no hubiera sido posible descuartizarlo de esa
manera, sin embargo se le dislocaron brazos y piernas junto
con la pelvis. Aunque
Amaru hubiera sobrevivido a esta ejecución hubiera quedado prácticamente
inválido.
A pesar de la ejecución de Túpac
Amaru II y de su familia, el gobierno virreinal no logró sofocar la rebelión, que
continuó acaudillada por su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru, al tiempo que se extendía por el Alto Perú y
la región de Jujuy.
Después de reprimir la sublevación tupamarista de 1780, se comenzó a evidenciar contra los criollos mala
voluntad de parte de la Corona Española, especialmente por la Causa de Oruro, y también por la demanda entablada contra Juan José Segovia, nacido en Lima y el coronel Ignacio Flores, nacido en Quito, quien había ejercido como presidente de la Real Audiencia de Charcas y había sido Gobernador Intendente de La Plata (Chuquisaca o Charcas, actual Sucre).
Mesianismo de Túpac Amaru II
La rebelión general del Alto y Bajo Perú
en 1780,
fue encabezada por José Gabriel Condorcanqui con el objetivo de liberar a sus
compatriotas de las pesadas cargas a las que estaban obligados por las
autoridades españolas desde hacía casi tres siglos, aunque agravadas en la
década anterior por las reformas borbónicas: mitas, repartimiento de efectos, tributos,
alcabalas
y otros derechos; trabajos en corregimientos y obrajes; diezmos
y primicias eclesiásticas, y la eliminación de las divisiones en castas. Buscaba la
creación de un reino independiente de España,
gobernado por una monarquía hereditaria incaica, a través de la creación de un
ejército y una administración propias, introduciendo una tributación única a
todos los súbditos, libertad de comercio y trabajo.
Con las masas, el inca iba a comunicarse
usando un lenguaje simbólico, de raigambre mesiánica. Ese
lenguaje se manifestaba en el uso de instrumentos musicales tradicionales, en
el uso de banderas, insignias y vestimentas incaicas, así como del apelativo
Inca, que poseía implicaciones mesiánicas (vinculadas al mito de Inkarrí),
por cuanto el Inca no se mostraba solamente como rey
y soberano legítimo, sino también como redentor,
restaurador del mundo, salvador de los indios, esperándose de él un
comportamiento milagroso. Se le otorgaban rasgos divinos o prodigiosos.
Al respecto, las palabras de Túpac Amaru II a su
compañero de lucha, Bernardo Sucacagua,
afirmando que las personas que murieran siéndole fieles tendrían su recompensa,
sugieren que aquél se veía a sí mismo, en principio, como redentor. El obispo
del Cuzco
afirmó que Túpac Amaru II, había persuadido a los indios de que los que
muriesen en su servicio resucitarían al tercer día. Sahuaraura Tito Atauchi
afirmó que los indios se arrojaban a pelear en las batallas sin temor y
ciegamente, pero aún estando mal heridos no querían invocar el nombre de Jesús,
ni confesarse. Ello se debería a que Túpac Amaru II les había dicho que el que
no dijese Jesús resucitaría al tercer día, y los que lo invocaban, no.
Igualmente se presentaba el modelo peruano, que preveía la resurrección
al quinto día.
El sistema de creencias indígenas aceptaba a Túpac
Amaru como dios, redentor y liberador de los oprimidos, vale decir como una
figura equivalente a la de Jesucristo. El Inca reforzaba esta creencia, al afirmar que
los españoles habían impedido a los indígenas el acceso al dios verdadero,
siendo él mismo quien designaría personas que les enseñaran la verdad.
El mito de Inkarrí, al imaginar el regreso de un inca
para enderezar el mundo injusto, era un símbolo unificador poderoso usado para
unificar poblaciones indígenas divididas por la geografía y las fronteras
étnicas. Pero también era un símbolo divisionista, cuando no se reunían todas
las condiciones necesarias para gobernar; tal el caso de José Gabriel
Condorcanqui o Túpac Amaru II, al que muchos nobles incaicos consideraron un
"advenedizo fraudulento", más que un verdadero redentor, aunque él se
reivindicara como descendiente del último inca de Vilcabamba, Felipe Túpac
Amaru, o Túpac Amaru I.
Para la mayoría de los rebeldes peruanos, la fuente de
sus creencias acerca del fin de la dominación española estaba en la concepción
que tenían del futuro, por la cual, el Inca que regresa pone término a la
dominación española y devuelve el orden al mundo. Igualmente, la muerte del
Inca implicaba una destrucción del orden, del principio regente del mundo. La
muerte de Túpac Amaru, al ser la muerte de un Inca, era la muerte de un hombre
que reunía la tierra, el cielo y los elementos; era la muerte del hijo del sol.
Reconocimiento
La fama de Túpac Amaru II se extendió a tal punto que
los indígenas sublevados en el llano de Casanare, en la región de Nueva Granada, lo reconocieron como
"rey de América".
Movimientos posteriores invocaron el nombre de Túpac
Amaru II para obtener el apoyo de los indígenas,
caso entre otros de Felipe Velasco Túpac Amaru Inca o Felipe Velasco Túpac Inca
Yupanqui, quien pretendió levantarse en Huarochirí (Lima) en 1783. La rebelión de Túpac
Amaru II marcó el inicio de la Etapa Emancipadora de la historia de Perú.
Esta gran rebelión produce una fuerte influencia sobre
la Conspiración de los tres Antonios,
indicios descubiertos en Chile el 1 de enero de 1781, en pleno desarrollo
de la insurrección. Los conspiradores se animaron a actuar gracias a las
noticias de los avances de Túpac Amaru II en el Virreinato del Perú.
Siglos XX y XXI
Monumento
Túpac Amaru II en el Distrito de Comas e Independencia.
En Perú, el gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) acogió la efigie
estilizada de Túpac Amaru II como símbolo del Gobierno Revolucionario de las
Fuerzas Armadas que él encabezaba, hasta hoy único gobierno de
ideología de izquierda en la historia de Perú. Lo reconoció como héroe nacional
en 1968, lo cual fue novedad puesto que desde la independencia la figura de
Túpac Amaru II fue llevada con indiferencia u omisión por la educación e
historiografía oficial peruana. En su honor renombró uno de los salones
principales del Palacio de Gobierno, el hasta entonces
llamado salón Francisco Pizarro (que la élite de la Lima
republicana creó y mantuvo los primeros dos tercios del siglo XX en su aprecio
al conquistador español), retirando además su retrato del centro superior del salón y
reemplazándolo por el del revolucionario indígena. Así también durante su
gobierno se construyó la avenida Túpac Amaru, una de las más extensas
(22 km) de la ciudad de Lima y que une el Cono Norte
capitalino (en ese entonces excluido del resto de la ciudad) con el centro de
Lima.
Túpac Amaru II es considerado un precursor de la Independencia de Perú por antonomasia.
Actualmente su nombre y figura es acogida ampliamente por los movimientos
indígenas andinos, así como por los movimientos de izquierda política.
En otro sentido, su nombre también fue utilizado por
el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru
o MRTA, agrupación guerrillera, posteriormente terrorista, que operó en Perú de
1985 a 1997. El MRTA se dio a
conocer internacionalmente por la Crisis de los rehenes de la embajada
de Japón (1996-1997) y fue uno de los beligerantes del Conflicto armado interno en Perú
(1980-2000).
En Uruguay los Tupamaros también conocidos como Movimiento de Liberación
Nacional o por sus siglas MLN-T, fue un grupo insurgente que estuvo activo entre los
años de 1960
y 1970,
que se denominó como tal por la admiración y respeto que según sus militantes
sentían por Túpac Amaru II.
En Venezuela, inspirados en la guerrilla uruguaya mencionada, el Movimiento Tupamaro de Venezuela
desarrolló acciones armadas entre 1992 y 1998, para después integrarse a la
política formal.
En Estados
Unidos el famoso rapero 2pac (1971-1996) tuvo como nombre de nacimiento el de Túpac
Amaru Shakur debido a la admiración que su madre Afeni.



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